
Este pala de pádel Adidas redonda es un modelo ideal para un nivel intermedio y destaca por Salida de Bola.
P.V.P 390€
304.20€
La Adidas Metalbone Ctrl 3.4 2025 nos ha dejado una sensación muy clara desde el primer peloteo: dentro de esta familia es la que notamos un poco más blanda y cómoda. Frente a la Metalbone normal, la Metalbone Hard y las versiones Carbon, esta versión se mueve hacia un tacto más amable y una salida de bola más agradecida cuando el ritmo no va disparado. Por eso nos parece una opción muy bien enfocada al jugador avanzado que quiere control, pero sin entrar en una pala demasiado seca o exigente. Si nuestro juego se apoya en el tacto, en construir el punto y en recibir algo de ayuda en ritmos medios y medios bajos, aquí hay bastante sentido.
Lo primero que percibimos en pista es justo eso: un tacto más blando que el resto de Metalbone que hemos podido poner lado a lado. No llega con una sensación dura ni especialmente rígida, sino con un contacto más cómodo que hace fácil entrar en ritmo desde los primeros minutos. Esa comodidad se nota sobre todo cuando jugamos a velocidad media, donde la bola sale con naturalidad y no nos obliga a forzar el gesto. En ese contexto, la salida de bola acompaña bastante bien.
Ahora bien, no es la típica pala de control con balance claramente bajo. Aquí nos encontramos un balance medio alto, sobre 26,5 cm con los tornillos puestos, y eso cambia bastante la lectura del modelo. En algunas situaciones se agradece porque da presencia en el golpe, pero en otras nos ha parecido que no se maneja tan bien como uno espera por su formato control. A ritmo medio y medio bajo se juega fácil, porque no hace falta empujar la bola ni alargar demasiado. Cuando el intercambio se acelera o pedimos más velocidad de manos, ese reparto de pesos se deja notar.
Con ese balance medio alto sobre los 26,5 cm con los tornillos puestos, la Adidas Metalbone Ctrl 3.4 2025 plantea un comportamiento bastante particular desde atrás. No es una pala torpe, pero sí una versión de control que se apoya mucho en su comodidad de salida más que en una respuesta seca o contundente. A ritmo medio y medio bajo nos ha gustado porque la bola sale bien sin tener que empujar demasiado ni alargar el brazo más de la cuenta. Esa ayuda hace que jugar cómodo desde el fondo sea bastante sencillo.
Cuando subimos un poco la velocidad de bola, la respuesta sigue siendo positiva siempre que no entremos en golpes muy planos. Si impactamos sin aplastar demasiado la cara, aparece un buen efecto rebote muy parecido al de la Metalbone 3.4 normal, y eso da continuidad al juego con bastante facilidad. Ahí es donde mejor entendemos esta versión: una pala para construir, para apoyarse en el control y para mantener una sensación amable en el impacto. Dentro de la gama, la notamos más pensada para quien quiere algo más cómodo en intercambios de ritmo contenido.
La parte menos convincente aparece cuando buscamos potencia plana desde atrás. En esos golpes más directos y agresivos, la cara se hunde algo más y la respuesta baja un punto frente a lo que esperábamos por nombre y gama. No se queda muerta, pero sí transmite que no está enfocada al jugador que vive de acelerar plano constantemente. Nos parece mucho más coherente para quien prioriza tacto, control y ayuda en golpes lentos que para quien quiere castigar cada bola desde el fondo.
En juego de red mantiene bastante bien la misma personalidad que ya habíamos notado desde el fondo. La sensación general sigue siendo de una pala más cómoda que otras Metalbone, con un contacto menos seco y una respuesta agradable cuando jugamos a ritmo medio. Eso hace que en bloqueos y voleas de construcción nos resulte una opción fácil de llevar, sobre todo si no buscamos terminar el punto a base de rigidez del plano. El balance medio alto, eso sí, hace que no la sintamos especialmente rápida en todas las situaciones.
Cuando apretamos menos la cara y trabajamos la bola con más tacto, aparece otra vez ese efecto rebote similar al de la Metalbone 3.4 normal, algo que ayuda a dar continuidad a la jugada sin exigir demasiado. No la hemos sentido como una pala de manos ultrarrápidas, sino como un modelo que rinde mejor cuando jugamos con algo de margen y dejamos que la salida de bola haga parte del trabajo. Por eso encaja mejor con un jugador de red que ordena el punto y busca comodidad, más que con uno que vive del intercambio explosivo y muy corto.
En el remate se repite una idea que ya veníamos viendo: en golpes planos de potencia responde menos porque la cara se hunde más. No la hemos sentido como una pala pensada para sacar la bola a base de pegada seca, sino como una versión de control cómoda y más amable en el tacto. El balance medio alto le da algo de peso en el golpe, pero no compensa del todo esa menor respuesta cuando buscamos máxima aceleración. Si nuestro remate depende más del timing y de construir bien el punto que de castigar plano, la pala encaja bastante mejor.
Nuestra lectura es bastante clara: aquí manda más el control cómodo que la potencia pura. Para ser un formato control, el balance medio alto le da una personalidad algo distinta y ayuda a que no se sienta vacía en el golpe, pero cuando vamos a impactos planos y de mucha potencia la respuesta cae porque la cara se hunde más. En cambio, a ritmo medio y medio bajo la salida de bola es buena y el conjunto resulta muy agradecido. Ese equilibrio la coloca en un punto interesante para quien quiere control con ayuda, no para quien busca una pala explosiva.
La sensación en mano y en pista es de un punto dulce algo más amplio, aunque sigue bastante centrado en la cara. Eso encaja muy bien con el carácter cómodo del modelo, porque cuando impactamos bien y no aplastamos demasiado la bola aparece un rebote muy parecido al de la Metalbone 3.4 normal. No es solo una cuestión de sweet spot, sino de cómo ese punto de impacto acompaña al jugador que busca tacto y continuidad.
El dato que más condiciona esta sección es su balance medio alto, algo poco habitual en una pala tan orientada al control. La comodidad en salida de bola está ahí y a ritmos medios se juega fácil, pero en algunas situaciones se nota que no se mueve tan bien como podría esperarse por formato.
Su PVP oficial es de 390 €, aunque en el momento de elaborar esta review la hemos encontrado por 380 € en tiendas especializadas. Se mueve en la gama profesional/top por precio, aunque por posicionamiento encaja muy bien como pala avanzada para quien busca rendimiento y sensaciones concretas dentro de la familia Metalbone. En este rango se espera una inversión seria orientada a rendimiento, y como suele pasar en pádel, lo normal es que con el paso de los meses vaya bajando, sobre todo cuando se acerque la siguiente versión. Ahí es donde muchas veces los modelos de temporada anterior se convierten en una de las compras más inteligentes del mercado.
La vemos muy enfocada a un jugador avanzado que quiere una Metalbone más cómoda que otras opciones de la misma familia. Tiene mucho sentido para quien juega con control, valora el tacto y agradece una buena salida de bola en ritmos medios y medios bajos. Si buscamos una pala que ayude más en el juego pausado que en la pegada plana agresiva, esta versión encaja bastante bien.
Nos parece una Metalbone muy específica y bastante coherente con lo que propone: más blanda, más cómoda y más amable que otras de la saga. Si nuestro juego necesita ayuda en salida de bola y valoramos el tacto por encima de la pegada plana, es una opción seria. Si lo que queremos es una respuesta más seca, más firme y más contundente cuando aceleramos, dentro de la propia familia hay alternativas que van más en esa dirección.
Nuestro recomendador te ayuda a escoger la pala que mejor se adapta a ti, a tu hijo o a tu amigo para hacerle el mejor regalo.